Descripción del proyecto

Hay lugares que obligan a trabajar despacio. No porque sean difíciles de fotografiar, sino porque tienen tantas capas que una fotografía demasiado rápida se queda en la superficie.
El Château Louise de La Vallière, en Reugny, en pleno Valle del Loira, es uno de ellos. Un château histórico convertido en hotel de cinco estrellas, rodeado por un gran parque y situado entre Tours y Amboise. Sus veinte habitaciones y suites se reparten entre distintos edificios de la propiedad y todo el proyecto de interiorismo lleva la firma de Jacques Garcia, uno de los grandes nombres de la decoración francesa.

Llegamos desde Madrid para realizar dos jornadas completas de producción. Yo asumí la dirección y realización fotográfica, acompañado por dos asistentes encargados del estilismo, el atrezo y la coordinación constante con el equipo del château. En un trabajo de fotografía para hoteles de estas características, esa parte que no aparece en las imágenes es casi tan importante como la cámara: preparar cada estancia, revisar textiles y mobiliario, corregir pequeños elementos, coordinar accesos y conseguir que habitaciones, salones y exteriores estén listos en el momento preciso de luz.

Aquí no se trataba simplemente de fotografiar habitaciones bonitas. El interiorismo del Château Louise está construido alrededor de una narrativa muy concreta. Cada estancia tiene su propia identidad y buena parte de las habitaciones evocan a figuras vinculadas a la corte francesa, desde Louise de La Vallière hasta Madame de Pompadour o Marie-Antoinette. Hay sedas, tapices, cuero de Córdoba, boiseries, mobiliario de época, obras originales, grandes cortinajes, mármoles y una iluminación deliberadamente íntima. Jacques Garcia ha creado interiores que no buscan reproducir un decorado histórico sino hacer que el huésped entre, durante unas horas, en otro tiempo.

Fotografiar un espacio así plantea un reto interesante. La imagen tiene que describir el interiorismo con precisión, pero también transmitir la experiencia de estar allí. No quería convertir cada habitación en una fotografía excesivamente iluminada y perfecta hasta hacer desaparecer su carácter. Había que respetar las sombras, la profundidad, los brillos de los tejidos, la luz de las ventanas y esa atmósfera ligeramente teatral que forma parte de la personalidad del hotel.

Es una forma de entender la fotografía de interiorismo para hoteles con la que me siento especialmente cómodo: intervenir lo necesario para ordenar la imagen, pero sin hacer que el lugar deje de parecer real. Durante las dos jornadas fotografiamos habitaciones y suites, salones, zonas comunes, detalles de decoración, exteriores y diferentes espacios de la propiedad. El trabajo tenía que funcionar como un conjunto, pero también producir imágenes capaces de vivir por separado en la web del hotel, publicaciones editoriales, prensa, comunicación digital y redes sociales.

Porque ese es uno de los grandes desafíos cuando se plantea una producción fotográfica de este tamaño: no basta con conseguir diez fotografías espectaculares. Un hotel necesita un archivo visual amplio y coherente, capaz de explicar el establecimiento durante meses e incluso años, una inversión así conmigo siempre sale rentable y de responder a formatos, campañas y necesidades muy diferentes.

A la fotografía de arquitectura e interiores sumamos también fotografía y vídeo aéreo con dron. Desde tierra, el château se percibe a través de las habitaciones, los materiales y la escala humana; desde el aire aparece otra dimensión completamente distinta. Su relación con el parque, los jardines, los distintos edificios y el paisaje que lo rodea permite comprender el conjunto de una forma imposible desde el nivel del suelo.

El château se encuentra dentro de una propiedad de casi veinte hectáreas, con árboles centenarios, jardines, bosque, huerto y diferentes construcciones integradas en el entorno. Esa relación entre arquitectura y paisaje era también una parte importante del reportaje. Chateau Louise
En una producción para un establecimiento de estas características intento pensar siempre como fotógrafo, pero también como quien después tendrá que utilizar las imágenes. Qué fotografía puede abrir una página web. Cuál explica mejor una habitación. Qué plano puede funcionar en una campaña. Qué detalle habla del cuidado del interiorismo sin necesidad de enseñar todo el espacio. O qué imagen aérea permite situar al futuro huésped incluso antes de haber llegado.

Al terminar las dos jornadas regresamos a Madrid con un volumen muy amplio de material y, sobre todo, con una colección de imágenes construida para durar. Fotografías de interiores, arquitectura, habitaciones, detalles y exteriores junto con contenido realizado con dron, pensado como una misma identidad visual y no como trabajos independientes.

En fotografía hotelera, especialmente cuando el espacio tiene una personalidad tan marcada, esa coherencia es probablemente lo que más me interesa: que las imágenes no se limiten a enseñar dónde vas a dormir, sino que empiecen a contar cómo puede sentirse estar allí.